A 34 años del tornado en López: la memoria que no se lleva el viento

Hay hechos que marcan a fuego la historia de una comunidad. El tornado que azotó a Estación López no fue solo un fenómeno climático: fue un antes y un después en la vida de sus habitantes.

El recuerdo de aquella tarde sigue vivo en las palabras y en el sentir de un pueblo que aprendió a levantarse. Compartimos el texto de María Silvina Irouleguy y sumamos una reflexión sobre la memoria, el dolor y la resiliencia que aún habita en Estación López.


Aquel día estaba en la ruta, haciendo dedo hacia Villa Cacique. Era miércoles y me tocaba el turno noche en la escuela. Las sensaciones de esa tarde me quedaron prendidas para siempre:

«El otoño crecía allá en el pueblo
Y ese mayo se ahogaba en la quietud:
Quieta estaba la tarde, quieto el aire,
Quietos todos los grises, espumosos caballos
Que venían del sur.
Inquietante suspiro detenido,
Una agónica pausa que presagia el final.
La fina polvareda de ruedos animales
Que imploran que no pase, que no llegue, que NO.

Y después, un rugido. Interminable, hondo.
Bestial grito que azota, que gira ciegamente
Levantando las sombras,
Pariendo los horrores,
Despedazando el tiempo que solo ve la cruz.

Y otra vez el silencio. Un silencio distinto.
Un silencio que es miedo, que es estupor,
Que es llanto. Una broca incesante
Que perfora memorias
de un ayer para siempre.
Eternamente hoy.»

A Estación López, en el 28 aniversario del tornado
1992 – 6 de mayo – 2020.

M. S. I.

Como cada año… en homenaje a esos resilientes que siguen creyendo y haciendo.



A 34 años de aquel 6 de mayo de 1992, el recuerdo sigue latiendo en cada relato, en cada mirada, en cada silencio.
El texto de María Silvina Irouleguy (escrito en 2020, a 28 años del hecho) logra ponerle palabras a lo que muchas veces resulta imposible decir. Describe esa calma inquietante previa, el rugido desgarrador que irrumpió sin aviso y el silencio posterior, ese que no es paz sino memoria viva. Un silencio cargado de ausencias, pero también de resistencia.
Creemos que estos relatos no solo deben ser compartidos, sino también abrazados como parte de nuestra identidad. Porque recordar no es quedarse en el dolor, sino reconocer la fortaleza de quienes, a pesar de todo, eligieron seguir.
Estación López es hoy reflejo de esa resiliencia: de vecinos que reconstruyeron no solo sus casas, sino también sus esperanzas.
Que la memoria no se borre. Que el viento no se lleve las historias. Que cada aniversario sea también una reafirmación de la vida, de la comunidad y de la fuerza de un pueblo que sigue de pie.

  • Related Posts

    Pelota paleta en crecimiento: formación, inclusión y competencia en el Club Alumni

    La pelota paleta vive un presente de expansión y entusiasmo. Así lo contó Florencia Ibarra, profesora de la escuelita y jugadora (pelotari), quien compartió detalles sobre el trabajo formativo, los distintos grupos y su propio recorrido dentro de la disciplina. La…

    KARATE: Destacada participación de la escuela Shan Ryu en Tandil

    El profesor Raúl Ocampo, referente de la escuela de karate Shan Ryu, que cuenta con 39 años de trayectoria en la disciplina, en una nota con el Nexo compartió los resultados obtenidos en el torneo realizado el pasado sábado 2 de…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *